En esta ocasión, la actividad consistía en escribir un cuento real de modo que los niños puedan sentirse identificados. Mi cuento es el siguiente:
Había una vez una niña llamada Luisa a la que le gustaban mucho los gatos. Luisa pedía todos los días a sus padres que le comprasen uno, pero los padres siempre se negaban. Como sus padres no le dejaban tener un gato, Luisa iba todos los sábados a casa de su primo para cuidar y jugar con los dos gatos que tenía. Siempre los acariciaba mucho y cuando llegaba a su casa le volvía a pedir a sus padres que quería un gato. Los gatos de su primo eran muy juguetones y rara era la vez que Luisa no llevaba algún arañazo de ellos. A ella no le importaba porque sabía que lo hacían sin querer.
Un verano, el primo se fue de vacaciones con la familia a Italia. No podía llevarse los gatos, así que le pidió a Luisa que los cuidara mientras él no estaba. Luisa, feliz, se llevó a su casa los dos gatos y los cuidó mientras su primo estaba de viaje. Todos los días les daba de comer, los limpiaba y los mimaba. Los padres de Luisa se dieron cuenta de que su hija era muy responsable y que, si le comparaban un gato, sería capaz de cuidarlo sin problemas.
Cuando su primo volvió de viaje, Luisa le devolvió los gatos aunque le daba mucha pena porque nuevamente se quedaría sin gato. Para sorpresa de Luisa y de su primo, el día de su cumpleaños sus padres le regalaron un gato. Luisa no podía ser más feliz y prometió cuidarlo siempre. Y, colorín colorado, este cuento se ha acabado.